Arte sin ataduras

Margarita Pamies trabaja en su estudio de Aguilafuente (Segovia) con un grabado que presentará con motivo del 210º Aniversario de la Independencia de México

Margarita Pamies trabaja en su estudio de Aguilafuente (Segovia) con un grabado que presentará con motivo del 210º Aniversario de la Independencia de México.

Artículo de Aurelio Martín para El Día de Segovia.

En su estudio de Aguilafuente, Margarita Pamies (Madrid, 1944), ejerce el arte sin ataduras, desde el conocimiento y la investigación de diferentes formas de expresión artística, trabajando ahora de forma incansanble para concluir un grabado de gran tamaño con el que participará en una exposición con motivo del 210º Aniversario de la Independencia de México, organizada por el Centro de las Artes del Estado de Querétaro, que se celebrará en los meses de septiembre y octubre, con la participación de otros artistas españoles.

Vinculada desde niña con la localidad segoviana, tierra del escultor e imaginero Florentino Trapero (1893-1977), de quien tuvo la suerte de contar como maestro, trabaja ahora con un tórculo, la prensa calcográfica, para llevar a cabo un grabado de gran tamaño con una técnica tradicional, aguafuerte y aguatinta, un proceso muy laborioso, que llevará a tierras mexicanas, con una temática que se relaciona con la libertad, la misma que ella eligió a la hora de dedicarse a este mundo, aunque ejerció como profesora para no tener que depender de las tendencias que le pudieran marcar las modas pasajeras y las galerías de arte, tanto en sus dibujos, como a la hora de abordar los grabados, la pintura o la ilustración.

En 1968 terminó sus estudios en la entonces Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y es a partir de entonces cuando inicia su trayectoria artística mantenido, hasta el momento, el concepto figurativo de la forma. Desde 1970 sus escenarios, composiciones de pintura, dibujos y grabados van adquiriendo un carácter realista con el que destacó tempranamente en una obra fundamentalmente gráfica que, junto a la pictórica, le permitió participar en numerosas exposiciones nacionales e internacionales. Incansable, actualmente continúa en la búsqueda de nuevas aplicaciones técnicas y el desarrollo de la creación evolutiva.

Básicamente figurativa, con una formación académica muy férrea en la que, exceptuando en Barcelona, donde se iba introduciendo el abstracto, en Madrid se mantenía la tradición de los estudios con modelos, apuntes del natural o retratos, Pamies comenzó a sentir una gran admiración por el dibujo, su aliado, tras una trayectoria desde los 14 años, compatibilizando los estudios del bachillerato con la Escuela de Artes y Oficios, a la que acudía a última hora de la tarde. Su padre le ayudó mucho en continuar con su carrera.

Boceto preparatorio para grabado, en aguafuerte y aguatinta.

Como su progreso era rápido, acudió a ver a Florentino Trapero que tenía su taller de escultura en Madrid, donde preparaba a los alumnos de Arquitectura, le habló de su hija y fue admitida hasta que ingresó en Bellas Artes. Recuerda a quien fue escultor jefe de la restauración de las obras dañadas en la Guerra Civil en la Catedral de Sigüenza, como «un hombre estupendo de quien aprendí mucho, ejercía una formación tanto creativa como de conocimiento del oficio, me embelesaba con todas las esculturas que tenía en una gran terraza, policromaba, me resultó interesante, yo era una joven inexperta y él un hombre sabio».

La artista confiesa que es el dibujo quien le ha llevado al grabado, dentro un mundo figurativo: «El conocimiento es básico, hay que tener un cierto dominio, sigo haciendo grabado, no todos los pintores practican esta rama pero es francamente interesante porque hay una parte de espontaneidad que no la tiene el dibujo directo, metes la plancha en el ácido y haces la prueba en la estampación, hay grandes sorpresas y hay que adaptarse a lo que vas encontrando, tiene un atractivo», explica.

«La libertad no se adquiere por los demás sino por uno mismo»

A Margarita Pamies se le podía definir como el ejemplo de artista completa, desde el dibujo, la matriz de su conocimiento, a técnicas que eran pioneras, como la pintura, cuando en las aulas no fomentaban la creatividad. A su juicio, «terminas una carrera casi vacía de aportación personal al trabajo, pero los conocimientos me permitieron pintar, grabar, hacer dibujo como trabajo autónomo no como preparatorio para la pintura, como obra. Quienes hemos ido trabajando el mundo del grafismo. el dibujo ha tomado propia personalidad y es obra como tal». Ese vacío lo iba a cubrir con dibujos en una búsqueda constante: «A veces no sabes lo que quieres pero sí lo que no quieres», mantiene la artista. También trabajó para el diario ‘El País’, poco porque la temática le condicionaba, la ilustración era una fusión entre el texto y la imagen. No obstante admite que «fue interesante, como era algo momentáneo, que sabía que no me iba a interrumpir mi trabajo personal me aportó mucho, siendo ya profesora hice otras especialidades, todo eso te va dando una libertad, porque la libertad no se adquiere por los demás sino por uno mismo».

En 2014, celebró veinte años de trabajo con la exposición ‘Symbolum’, en Casa de Vacas del Parque del Retiro, en Madrid, que posteriormente se pudo visitar, en 2019, en la Sala del Centro Tenerías, en Cuéllar, con 38 obras. Era un repaso a gran parte de su obra, de un largo camino del que no se siente avergonzada en ninguno de sus tramos, pero pensando en que lo mejor está por llegar: «Creo que hay necesidad de pasar por varias etapas, sigo luchando y estoy en un intento de evolucionar».

Su presencia en Aguilafuente, donde lleva ininterrumpidamente desde el inicio de la pandemia, aunque acudía cada verano, desde niña, no la eligió, reconoce, «porque ha sido la vida la que me ha ido llevando». Su abuelo y sus bisabuelos por parte de padre, su rama castellana, eran de esta villa ubicada en el centro de la provincia, donde tenían una casa entrepinares, mientras que su madre procedía de Cataluña. Después se construyó una casa con su estudio hasta considerar que tiene «toda la relación del mundo con Aguilafuente, desde pequeña viniendo aquí, desde que me jubilé de la enseñanza he venido mucho más y ahora llevo un año pintando, está siendo fructífero». Permaneció muchos años como interina hasta que sacó la cátedra para impartir clase en una de las Escuelas de Artes Plásticas y Diseño, en Madrid: «He dado clases para ser libre, para pintar lo que verdaderamente me apetecía, si dependes económicamente de la pintura tienes que ser esclava de lo que te digan las galerías, además las clases siempre son satisfactorias», subraya Pamies.

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